Si la IA hace el trabajo aburrido, ¿dónde aprendemos el oficio?
5 de noviembre de 2026 · Chema Bedmar · también en audio
Uno de mis primeros trabajos en marketing lo conseguí gracias a un estudio de mercado. Fue para el Taller Digital de la Universidad de Alicante, sobre la competencia en servicios de digitalización: buscar empresas, ordenar datos, comparar y sacar una conclusión que se sostuviera. Hoy una IA lo haría en una tarde, y seguramente mejor presentado.
Me acordé de aquello hace unos días, al ver en Instagram una frase de Alex Karp, el consejero delegado de Palantir. La dijo en marzo en una entrevista en TBPN y Fortune la ha vuelto a publicar en octubre: «Hay básicamente dos formas de saber que tienes futuro. O tienes formación profesional, o eres neurodivergente». Es decir, los oficios que exigen estar allí, como electricistas o fontaneros, y las personas que piensan distinto y no siguen reglas.
Una frase, no un dato
Conviene recordar quién habla. Karp vende software de inteligencia artificial, así que le viene bien que la sustitución del trabajo de oficina parezca inevitable. Y lo que dice es una opinión: en el artículo de Fortune la única cifra es una previsión de Gartner sobre contratación de perfiles neurodivergentes en ventas.
Aun así, creo que acierta en una cosa y que se deja otra por el camino.
En lo que acierta
Acierta en que estar presente sigue valiendo. Y no solo para el fontanero. En marketing también hay mucho trabajo que se hace de pie: entrar en una farmacia, mirar cómo elige la gente en el súper, escuchar una conversación en un bar. Una IA puede resumir miles de respuestas de una encuesta en minutos, pero no ve la cara de una madre cuando abre un frasco en su casa.
Lo sé por un error mío. Hace años desarrollé un aceite corporal para embarazadas con todo el cuidado del mundo. Cuando salió, una clienta dijo que olía a establo y otra lo usaba para aliñar la ensalada. Mismo producto, mismo lote. Dos de cada tres embarazadas tienen el olfato alterado, y yo no lo había probado con ellas en su momento real. Ningún modelo de lenguaje me habría avisado. Me habría avisado salir más a la calle.
Lo que se deja por el camino
Lo que me chirría es la otra mitad. «Pensar distinto» suena bien, pero el criterio no viene de serie. Se aprende, y casi siempre se aprende haciendo el trabajo aburrido.
Yo aprendí a entender un mercado comprando datos de panel y montando con una compañera nuestras propias tablas: envases, texturas, productos que se quitaban ventas unos a otros. La mayoría no servían para mucho, hasta que una explicaba la categoría entera. Así es como uno pasa de hacer cosas a tener opinión.
Si ahora esas tareas las hace la IA en diez minutos, quien empieza se ahorra el trabajo, pero también se ahorra el aprendizaje. Y entonces, ¿cómo va a saber si lo que le devuelve la máquina está bien? No tengo la respuesta. Me lo pregunto cuando doy clase y cuando acompaño a gente que empieza.
Lo que estoy probando
Mi idea, por ahora, es sencilla: hacer la tarea una vez a mano antes de pedírsela a la IA. Un resumen de opiniones de clientes, una tabla de precios, una ficha de competencia. Después hacerla con IA y comparar. Lo que se aprende está en la diferencia entre las dos versiones.
Y salir de la oficina siempre que se pueda. En esto Karp tiene razón: el futuro es de quien sabe moverse en el mundo real. Solo que no hace falta ser fontanero para eso.
Es lo que intento aplicar también cuando trabajo como director de marketing interino en MAL·MARKETING: dejar un equipo que sepa pensar sin mí, con o sin IA.
Te dejo la pregunta, sobre todo si diriges a alguien que empieza: ¿quién está haciendo hoy en tu equipo el trabajo aburrido con el que se aprende? Y si la respuesta es «la IA», ¿quién tendrá criterio dentro de diez años?
Episodio de MalMarketing · el podcast, leído con mi voz.